10 may 2013

Pumita.


Mi hermana tiene dos piedras pómez, una más gruesa y suave, otra más áspera, partida en dos por mí. Se partió cuando la solté al piso. Había usado esa piedra para limpiarme las manos, para sacarme el pegamento por diez años, una década estudiando arquitectura. Pegamentos que se usan en arquitectura: adhesivo en aerosol que empasta el vello en los brazos, adhesivo instantáneo que endurece las yemas de los dedos, cola vinílica que seca en membranas blancas, gel transparente que hace virutas de goma. En esos años de preparación llegué a conocer el efecto del pegamento en mis manos, pero supe muy poco de la piedra que sirvió para sacar el pegamento de las manos, dejarlas listas para más pegamento.

3 may 2013

Sidra casera con bourbon, sandia con tinto.


Hay algo podrido en esta casa, o en mi boca. Como un sueño que olvido, tengo la impresión de haber estado en un auto, en una autopista con faroles altos, con puentes de malla de alambre en la oscuridad. Algo gomoso y pegado, como mayonesa vieja, dificulta enfocar la mirada. En los fogonazos donde intento mirar, en las articulaciones cuando me pongo de pie, sola se piensa la necesidad de agua.

28 abr 2013

¡BLOG DE CINE!

He decidido saldar una vieja deuda e iniciar un blog sobre cine. Se llama LACMA ON FIRE, por la pintura de Ed Ruscha "Los Angeles County Museum on Fire", que aparece en la cabecera del blog.

http://lacmafire.blogspot.com.ar/

26 abr 2013

Agüero y Galileo.

Piso una baldosa suelta, me salpica la cara, afirmo las cajas con el brazo y libero la mano que no sigue al viejo, el tío Ernesto arrimando el siguiente paso con los ojos inertes, la boca suelta, tieso de la cintura para abajo, doblado del estómago hacia arriba. Voy al lado, retrocediendo, poniéndole una mano en la lumbar, donde actúan presiones con las que puedo identificarme aunque tengan razones menos perecederas y más íntimamente ligadas, tal vez.

19 abr 2013

Su propia forma.

Mi profesora de segundo grado creía en los OVNIs. Aunque no me acuerdo bien de ella creo que nos gustábamos. Yo no jugaba mucho con los demás. En los recreos dibujaba. Esto fue antes de que me volviese mitómano y dijese en un acto de abanderados de quinto grado que me iba temprano porque me llevaban a la cárcel a visitar al tío, lo que me puso en terapia hasta tercero de la secundaria, que terminé con promedio de nueve-coma-siete para que cuando me llevasen a cenar afuera y me preguntasen qué quería de premio pudiese decir que no quería hacer más terapia.

7 abr 2013

Seguir.

Cierro el libro que puse sobre la mesa y miro la ventana, una guillotina gruesa de madera. Busco al mozo. Un chico en la vereda me pide una moneda. Sacudo la cabeza, cierro los ojos, abro las manos: el chico avanza a la siguiente ventana. El mozo me saluda y pregunta qué va a ser. Pido mi té y abro el libro, un western de la colección “Bravo Oeste”. Colecciones como “Bufalo”, “La Huella”, “Ases del Oeste”, se publicaron entre el cincuenta y el ochenta en libritos de bolsillo, de unas cien páginas, de papel fino y áspero, del tamaño de una billetera abierta.